Something simple - Gonzale
Still crazy after all these years
Cargar con aquel maldito sofá de madrugada fue un golpe de genio y una risa que aún nos dura. Era el final de algo también, algo pequeñito que se disolvía junto con nuestras galletas maría en la leche fría. Tenían otro nombre pero que más da, puede que también hubiera un poco de «lomo de la puebla» en algún taper, ya no me acuerdo, me parece que también queríamos ver cómo amanecía Sabadell pero el cielo se iluminó sin que nos diéramos cuenta. Estábamos borrachos perdidos o al menos lo suficientemente borrachos como para que aquella idea de llevarnos el sofá de excursión sonara a genio, y lo era, fue brillante.
Es un recuerdo al que vuelvo a menudo para hacer balance. Pensar en aquel día es volver a sentarme en aquel sofá en frente de la gran vía y esperar a que amanezca y que amanezca igualmente, porque a fin de cuentas siempre amanece, que no es poco. Esa era la épica de nuestras vidas, cabía en un vaso de leche con galletas encima de un sofá descontextualizado, y nosotros éramos una especie de estatua viviente y un monumento a la vida y la gente que pasaba nos miraba pensando que estábamos chiflados y sonreían, y joder, en esas sonrisas que no vimos por el cansancio y la resaca, estaba el maldito sentido de todo esto.
Puede que el mundo a los treinta ya no quepa en un vasito de leche con sabor a tequila, puede que todo sea más exigente y que el verbo crecer tenga que dar paso al haber crecido. Es todo un poco absurdo ¿verdad? Hoy me hubiese gustado olvidarme de este mundo enorme y tirano y sacar de nuevo el sofá a la calle y poder sentar ahí a todos los que quiero y entonces pasar caminando y sonreír al veros y recordar y saber que es cierto, que en el vasito de leche de cada uno, está el verdadero sentido de mi todo esto.