Coffee break - Nicolás Alejandro

Helen II

Aquel día llegaron las chicas. Syl y Jess tenían diecinueve años y buscaban completar ochenta y ocho días de trabajo de campo para optar a una extensión de su visado. Helen estaba radiante de alegría disponiendo de la atención de dos jóvenes exclusivamente para ella. Parecía una niña de instituto, preguntaba por sus amoríos y les contaba sobre su juventud haciendo autoestop en Europa, eso sí que era vida. El anuncio requería experiencia previa con caballos pero en realidad las chicas venían para llenar un vacío terrible, una casa sin jóvenes, venían para engañar a Helen y hacerle olvidar que su tiempo se acababa. Tenía curiosidad en todo aquello, en ver si aquella juventud que comienza a pasearse por el mundo adulto sería suficientemente fuerte para resistir la visión de un inmenso desierto.

Nuestras posiciones eran completamente diferentes, yo era el chico que pintaba la casa y ellas eran las chicas de Helen. Tal vez por eso tardamos en intimar, con los operarios siempre se crean esas distancias absurdas como cuando el lampista viene a tu casa y le ofreces café y merodeas a su alrededor por si te roba lo poco de valor que tienes, sin decir nada más o sin saber de qué hablar. A fin de cuentas ¿qué vas a decir? Son mundos diferentes, un lugar al que no te quieres acercar ni con las palabras.

«Cuando era pequeña iba de caza con mis padres. Para ser de un club de caza tenían que conocer a tu familia you knowwww ahí no entraba un cualquiera» dijo Helen.

«Oh, ¡bien!» contestó Syl con una sonrisa.

«Bueh, dónde yo vivo ya no hacen así, ahora casi todos pueden ser de un club, en verdad es más abierto, sí, en serio, ahora es más así» dijo Jess.

Helen puso una sonrisa incómoda «¿De verdaaaad? Oh, vaya, esos clubs siempre han sido muy exclusivos, qué curioso que hayan cambiado tanto.»

Primera lección del superviviente: no le lleves la contraria a Helen. Esta vez, quizás por ser la primera o por aquel gusto incipiente hacia Jess, dejó pasar la opinión disonante. Yo observaba todo aquello como un partido de tenis, intentaba aprender algo de equitación pero me resultaba imposible entre la terminología compleja y el fuerte acento de cockney de Jess, así que me resignaba a comer deprisa e intentar salir de ahí lo antes posible. Me aburría, y a decir verdad todo aquello comenzó a no importarme una mierda, era demasiado mercantil, deshumanizado, no había nada que aprender sobre caballos, qué deprimente, en realidad los animales siempre fuimos nosotros.

«Hey ¿y lleváis mucho en Australia?» dije yo cuando vi una oportunidad.

«Sí, unos meses» dijo Syl.

«Ah qué bien, y dónd-..»

«¿Qué era lo que decías de tus caballos en Liverpool Jess?, ¿Los vendías después de entrenarlos no?, ¿Y cuánto dinero ganabas?» interrumpió Helen.

«Depende del caballo, lo más que llegué a ganar fueron unos treinta mil dólares..» continuó Jess.

Syl no dijo más y yo sabía bien a quién tenía que prestar atención, mi mirada viró obedientemente y me sentí sucio y triste. «No caigas en desgracia ahora, ya sabes cual es tu sitio» —pensé—. Y mantuve mi silencio pese a mis ganas de conocer a aquellas personas, en llevar todo aquello a un terreno más humano, pero lo humano en Bannister siempre tenía que dejar paso a los intereses, los de Helen claro, no había lugar para otros. Quizás yo nunca fuera a ganar tanto como Jess vendiendo caballos pero por ahora 20$ a la hora aún sonaban a fortuna así que seguí observando el partido desde otro universo. Los que hemos sido miserables sabemos lo difícil que es dar con un céntimo dorado.

«Jhernán, ven un segundo, tengo que decirte algo.» Collin había pronunciado mi nombre bien desde el primer día pero cuando estaba Helen cerca lo hacía sonar igual que ella. Le seguí hasta la terraza.

«¿Si? ¿Pasa algo?» contesté.

«Bueno, quería decirte que no comentaras con las chicas que te pagamos, a ellas sólo les damos 100$ a la semana ¿ok?»

«Ya, me lo imaginaba.. No te preocupes, mis asuntos son cosa mía.»

«Bien, veo que eres una persona muy adulta y responsable, no como la mayoría de mochileros.» Cuando le seguías el rollo a Collin siempre te elogiaba. Creo que hacía aquello pensando que las personas se comportan como perros, dales un caramelo cuando lo hagan bien y lo harán siempre bien. «Solíamos no pagar nada, pero comenzamos a ver que sino ofrecíamos algo no quería venir nadie.»

«Menudos explotadores hijosdeputa» —pensé— y encima me lo decían así, abiertamente. Aquella complicidad me repugnaba y a la vez marcaba una diferencia de estatus importante para con las chicas, tenía un mensaje claro: «tú has venido a trabajar, te necesitamos más y esperamos más de ti». Así de sucio puede sonar el dinero. Después de aquello, de aquel hacer grupos e imponer secretos forzados entre cuatro personas, me di cuenta que no podía confiar más en lo que dijeran Helen y Collin. Lo tenían todo demasiado planeado, aunque no me gustara yo podía guardar un secreto pero eran los que escondían ellos los que más me preocupaban.

Lo que siguió fue mi lijar las paredes de la casa subido en la escalera, era un trabajo demasiado tedioso y cada vez intentaba escaquearme más y más. Un té, una manzana, el ir al baño, mirar el cielo. Se me daba fatal escaquearme, pensaba que alguien podría estar observando mi no hacer nada o símplemente me aburría más que estar haciendo algo, así que volvía al trabajo continuamente y desganado. De todas formas intentaba ralentizar todo lo que podía mi progresos, después de que Helen me comentara que las chicas se habían ofrecido voluntariamente a ayudar en la casa no me quedaba otra. El árbol del dinero bajo el que suspiraba cada noche era lo único que me quedaba y sus hojas verdes se las estaba llevando el viento.

Fue durante aquellos días que soñaba con campos de fresas y lunas llenas. Demasiado tiempo haciendo lo mismo te da demasiado tiempo para pensar, supongo que habrá quien en momentos así haga planes de futuro, yo era incapaz, mi mente orbitaba constantemente en el pasado y en cómo reinventarlo, ¿por qué había abandonado todo para estar ahora rodeado de nada? Supongo que en aquel trabajo solitario, viendo desde el otro lado de la valla a las mujeres paseando los atardeceres montadas en caballos mansos, recordaba mis deseos juveniles de perseguir aquellos sueños imposibles. Ahora formaba parte de un mundo que sólo podía ver a lo lejos, obligado a convivir con eso pensaba que había sido un necio, aunque salves la distancia, las mujeres a caballo continuarán siempre paseando del otro lado de la valla.

Creo que en aquel momento me cansé y por un delicioso instante mi mente decidió mandar todo aquello a la mierda, ¿qué importaba? Y volví a mi trabajo olvidándome de los campos libres del mundo y de mis sueños adolescentes y en aquella pared sonaba entonces Bob Marley y con ese No woman no cry disolvía el mundo y todo nos parecía más sencillo, más simple. Tranquilo. Tranquilo. Todo saldrá bien. Y en aquel pequeño minuto yo sentía que Bob hablaba de verdad, y ese momento de paz era como si alguien me sostuviese en un fuerte abrazo ante el precipicio de la vida, susurrándome al oído aquello de Everything’s gonna be alright. Y yo me fundía en aquel abrazo, seguro y firme, y me dejaba llevar por aquellas pequeñas palabras, como en compañía de un padre.

Fue la voz de Cheryl la que me despertó de aquel sueño de paz infinita y con su usual «¿Jhernaaaan?» interrogativo continuó con aquel «Helen quiere que te diga q..q-que la cena estará lista en um..media hora, por favor deja de t-trabajar ya.» Helen no soportaba que nadie llegara tarde a la mesa y me condenaba siempre a revolotear a su alrededor esperando a que sirviera los platos. Las chicas entraron en casa, Jess se sentó en el sofá y Syl comenzó a poner los platos y los cubiertos, yo me escaqueé poniendo sólo los vasos. Se suponía que iba a ser una cena especial para celebrar el cumpleaños de Collin. En realidad Collin había cumplido años la semana anterior pero Helen decidió entonces que celebrarlo y descongelar el pastel era absurdo, después de todo entonces sólo éramos tres, Cheryl nunca recibió una invitación a la fiesta.

«¿Preparadas para la fiesta de cumpleaños?» pregunté a las chicas. Cuando tienes poca confianza con alguien parece que todo lo que digas suene estúpido. Aquello sonó de verdad muy estúpido.

«No, al final no hay fiesta» contestó Syl. «Helen nos dijo por la tarde que esperaríamos a que hubiera más gente».

«Ah..» contesté. Para una novedad que teníamos y al final nada. En aquel momento decidí que Helen me caía definitivamente mal. No se juega. Con las fiestas de cumpleaños no se juega.

Cuando acabamos de cenar apareció Cheryl y esperó a varios metros de distancia sin decir nada, esperando órdenes.

«¿Cheryl?» dijo Helen con ese tono snob inquisitivo. «¿Cuándo tenemos que enviar los textos sobre granjas eólicas al gobierno?»

«Eh..um.. antes del uno de abril»

«Es que nos quieren construir otro parque eólico aquí al lado you knowwww» dijo a las chicas. «Cheryl habló muy bien en el 'meeting' ¿verdad Collin?»

«Oh sí, muy bien, lo hiciste muy bien Cheryl» dijo Collin.

«Wow» dijo Syl. «¿De versad Cheryl? ¡Muy bien!» dijo Jess.

Yo no dije nada, Syl y Jess estaban demasiado frescas para entender por dónde iban los tiros pero yo lo sabía bien y aquello me repugnaba.

«Explica a las chicas por qué nos oponemos a más turbinas» ordenó Helen. Esa era su frase estrella, aquello de «explica a.. por qué..», era como pasar un examen. Con Helen siempre tenías que estar preparado para aquello. No era pereza, a Helen le encantaba llevar siempre la batuta y hacer que los demás se movieran al ritmo que les imponía.

Invitaron a Cheryl a sentarse a la mesa con nosotros para tomar café y Collin se levantó para servirlo. Jamás habían hecho algo así. Yo me estaba poniendo enfermo y continué en silencio observando todo aquello, mira y aprende —me dije— puede que tengas que oler la mierda, pero nunca te conviertas en basura.

Cheryl resumió su ponencia del otro día haciendo énfasis en las mismas palabras y expresiones, como un actor que no sabe salir de su papel.

«¿Verdad que lo hizo bien?» Volvió a decir Helen.

«Oh..bueno..es que me vuelvo m-muy pasional con esas cosas horribles. ODIO ver esas cosas ahí fuera, y t-también matan m-muchos pájaros».

«Pareces muy decidida Cheryl, muy bien, lo debiste hacer muy bien» dijo Jess.

«Sí, qué bien Cheryl» sonrió Syl.

«Ha Ha Ha» rió Cheryl, «sólo dije lo que pensaba».

Cheryl se ruborizó y a mi se me partió el corazón. No salirse del guión tenía premio y me preguntaba si ella alcanzaba a entenderlo. Nunca antes la había escuchado reír, fue una risa fuerte y muy forzada pero Cheryl rió. ¿Valía todo aquello una sonrisa? ¿Cuantas veces reía Cheryl en un día, y en una semana? ¿Cuantas veces tenía la oportunidad de conversar con otras personas? Tal vez detrás de aquella farsa también se escondiera un regalo de cumpleaños.

«¿Y cuándo tenemos que ir a votar Cheryl? preguntó Helen.

» Ah.. um.. un segundo, lo t-tengo apuntado por aquí» Cheryl alcanzó su riñonera negra y sacó de ella una pequeña libretita de espiral para anunciarnos el día de las elecciones estatales.

«Cheryl es mi memoria portátil, sin ella se me olvidaría todo» dijo Helen.

«¿A quién vais a votar?» alcancé a preguntar.

«Bueno,» interrumpió Helen «a quien yo quiera, la democracia consiste en eso ¿no?» rió.

«Eso.. sería una autocracia más bien ¿verdad?» murmuró Cheryl.

Genio —volví a pensar— Cheryl, eres un genio. Se sentaba a mi lado y puede que fuera el único en escuchar aquello. Me levanté de la mesa y me despedí preguntándome que hacíamos todos teniendo que escuchar a una loca hablando cuando podíamos escuchar a alguien más interesante. La vida al fin y al cabo es así, salvaje y sin compasión y el que lo niegue es un necio o un iluso, el mundo está lleno de cosas terribles y yo me fui a la cama para no tener que verlas. Escapándome de todo aquello sentí mis entrañas llorar y vomitar al mismo tiempo, recordándome de un modo horrible que si cerrar los ojos era lo único que podía hacer, tal vez no valiera la pena abrirlos de nuevo.