Still crazy after all these years

Still crazy after all these years

Cargar con aquel maldito sofá de madrugada fue un golpe de genio y una risa que aún nos dura. Era el final de algo también, algo pequeñito que se disolvía junto con nuestras galletas maría en la leche fría. Tenían otro nombre pero que más da, puede que también hubiera un poco de «lomo de la puebla» en algún taper, ya no me acuerdo, me parece que también queríamos ver cómo amanecía Sabadell pero el cielo se iluminó sin que nos diéramos cuenta. Estábamos borrachos perdidos o al menos lo suficientemente borrachos como para que aquella idea de llevarnos el sofá de excursión sonara a genio, y lo era, fue brillante.

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Helen II

Helen II

Aquel día llegaron las chicas. Syl y Jess tenían diecinueve años y buscaban completar ochenta y ocho días de trabajo de campo para optar a una extensión de su visado. Helen estaba radiante de alegría disponiendo de la atención de dos jóvenes exclusivamente para ella. Parecía una niña de instituto, preguntaba por sus amoríos y les contaba sobre su juventud haciendo autoestop en Europa, eso sí que era vida. El anuncio requería experiencia previa con caballos pero en realidad las chicas venían para llenar un vacío terrible, una casa sin jóvenes, venían para engañar a Helen y hacerle olvidar que su tiempo se acababa. Tenía curiosidad en todo aquello, en ver si aquella juventud que comienza a pasearse por el mundo adulto sería suficientemente fuerte para resistir la visión de un inmenso desierto.

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Your ex-lover is dead

Your ex-lover is dead

Antes de venir a Australia reuní apresuradamente unos últimos hasta la vista de los amigos y la familia. Fueron unos me voy algo precavidos, algo cobardes, por si no lo conseguía. Mejor quizás, que no lo supiera casi nadie. Recuerdo cuando Ester me dijo aquello de «está todo bien siempre que no sientas que estás huyendo». «Siempre estamos huyendo de algo» contesté, moverse —pensaba— era mejor opción que quedarse quieto. Quizás sea que ahora soy más consciente de lo que me persigue o lo que me persiguió hasta aquí, quizás por eso viajamos, para entender el alcance de nuestros miedos aún sabiendo que viajamos siempre con ellos.

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Cheryl II

Cheryl II

Habrían pasado unas dos semanas desde que llegué a Bannister. Mi resolución inicial se había ido disolviendo con los días y la pirámide de Maslow indicaba que era el momento de preocuparse por otras necesidades. Yo no sabía muy bien que necesitaba pero era muy consciente de lo que carecía. Había fantaseado varias veces con un ejercito infalible de psicólogos y personal de recursos humanos que conocieran todas las profesiones del mundo, que te dijeran «Hey por qué no pruebas esto? Seguro que se te daría genial.» Y te dejarían probarlo sin problemas y tú lo harías y se te daría genial de verdad y al menos por un tiempo, qué importa el tiempo, serías un poquito más feliz, saldrías de la miseria de una vida incierta que se mueve y camina entre el fango y las arenas movedizas. Hemos asfaltado tanto el fango que a muchos se nos ha olvidado que está ahí, debajo nuestro, lo sentimos, lo intuimos, y cuando damos un paso en falso es cuando nos damos cuenta que nos hundimos en una gran mentira. Pero de aquí, de esta vida, no se va nadie de rositas, todos nos ensuciamos tarde o temprano y creo que yo había venido a Australia para eso, para hundirme hasta el cuello en algo que desconocía, sin nadie cerca al que gritar ayuda, y en medio de todo aquello en vez de aprender a caminar yo caminaba hacia atrás y comenzaba a añorar lo bien que se estaba antes, trabajando desde una oficina, en un mundo mucho más Maslow, menos real, con los pies sucios, sucios, sucios, calentitos y ocultos en brillantes zapatos de diseño.

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Helen

Helen

Hice algunos intentos, tal vez dos o tres, de limpiar los platos después de las comidas y las cenas. «Nooo Jhhheernan» Así me llamaba Helen que parecía incapaz de silenciar la hache de mi nombre y siempre la aspiraba, arrastrándola lentamente pese a mis continuas correcciones. «Ese es trabajo de Cheryl, es lo que hace y es muy feliz de hacerlo. Es su trabajo, es su propósito *¿you knowwwww?* Así se siente valorada». Y casi siempre acababa con esos you know arrastrados y trémolos para endulzar de viejecita sus exigencias. «Ya, pero en serio que no es-…» «Nooooo Jhhhhhhhernaaan. Eres muy amable, muuuuuy buena persona, pero ese es el trabajo de Cheryl. Déjalo».

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Bless yourself bleed

Bless yourself bleed

Caminaba de vuelta hacia mi habitación en Sydney, volvíamos a tener luna llena. La luna, siempre la luna. Quería contar algo aunque no sabía muy bien el que. Bajaba la calle mojada de las últimas gotas de lluvia y yo me dejaba arrastrar con ellas, podía respirar el humo del cigarrillo que exhalaba el tipo de más allá, y eso me gustaba. Sydney en aquella zona era una ciudad demasiado limpia. El aire era fresco, no había basura en la calle, el césped crecía abundante y rigurosamente cortado, la gente sonreía, las bajas maternales duraban un año, y todo parecía en orden. Supongo que en aquel lugar era todo extrañamente perfecto. Qué tontería ¿verdad? Divina providencia. Yo inspiraba ese humo sin rehuirlo y con placer, llenando mis pulmones de un aroma distinto, de una realidad distante, de un esto no va conmigo, de algo verdadero. Así me deslizaba en la noche tras algo que odiaba y sin entender demasiado bien porqué, sin saber que contar, bajo una de aquellas lunas que se abrigan con las últimas nubes de un cielo frío, despejado y claro, casi transparente.

Cheryl

Cheryl

Conocí a Cheryl aquella noche en la que llegué a la granja, yo aún estaba sentado en la parte trasera de la furgoneta cuando se materializó a mi lado y apenas susurró un leve, levísimo hola. Vestía tejanos oscuros, camisa de algodón manga larga y mantenía siempre la cabeza baja y la mirada perdida tras unas grandes gafas plateadas. Recuerdo que lo primero que le pregunté fue un «Así que eres de Australia ¿no?» a lo que me contestó con un rotundo y seco «sí». Esperaba algo más de alguien a quien acababa de conocer pero lo dejé ahí, había algo en la voz de Cheryl, esa voz cansada, gutural y ronca, que quería decir suficiente.

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I due fiumi

I due fiumi

Nunca la había visto así y puede que vosotros tampoco. Lo mío fue casualidad, salir de la casa para ver si el gato estaba cerca y quería entrar, levantar la vista y ¡bam!

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Fuori dal mondo

Fuori dal mondo

Anochecía caminando de vuelta a la casa y el cielo se llenó de rojo y púrpura. La luna creciente había estado todo el día sobre nosotros pero justo en ese momento comenzó a iluminar el campo. Sombra, proyectaba sombra en lo oscuro del anochecer y un viento fresco saludaba mis piernas. Era la segunda vez que veía mi propia sombra en la noche, años después de aquel paseo maravillosamente loco que había hecho junto a Debora en la costa italiana, cargando libros o tal vez papeles que quizás fueran fotos. Aquel día apareció nuestra sombra bajo una luna que brillaba como el sol del verano. Paso a paso mi oscuro reflejo se alargaba sobre la carretera de vuelta a la casa en medio de la nada, y sonriendo yo recordaba Italia y lo ligero y joven de aquellos días, cuando caminábamos juntos, absurdos y alegres, suspendidos en el vacío de nuestras sombras como en la noche más brillante de nuestras vidas.